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10 de diciembre de 2016

SON

Y como hojas son,
las siluetas almendradas de tus ojos,
flotando en la humedad de tus iris terrosos,
que son de cielo,
que son de arena,
de agua fina que cubre, son.
Del sol que brillan,
tan espléndido cuando miras, directo,
tan inmenso,…
que son dos soles, cada una de tus pupilas, en el centro.
Que son las ondas de un rumor,
la suave curva de tus orejas,
que no se agarran,
y no se atrapan,
y no se amarran.
Que son susurros, aliento son,
tan callados
como el límite lejano, donde aún viaja la criatura,
¿te acuerdas?
La historia aquella que inventamos,
aquella isla…
Tan íntimos, que son secretos,
tuyos. Míos.
Pues de la curva de mi boca,
son las ondas del rumor,
que no se agarran,
y no se atrapan,
y no se amarran,
y sí se rozan,
y sí se tocan,
y sí se palpan,
y sí se ahogan,
tan profundos,…
que son los besos.
Y nuestros son...

29 de noviembre de 2016

AQUELLA MUJER DE LOS GATOS

No te mira nunca, pero yo sí la veo cada atardecer cuando paseo a Lulo. En esa plazuela a las afueras de la ciudad, con dos arboledas marchitas y otro par de bancos de piedra carcomido por los excrementos. Silenciosa, donde hace semanas se podían oír inquietas a las golondrinas. A la misma hora antes de cenar, las hojas de un arbusto se sacuden como si alguien o algo lo estuviera revolviendo desde dentro. Y la veo. De aquella mujer llego a ver su espalda ancha y jorobada, cubierta por una chaquetilla de punto, unas zapatillas de estar por casa de cuadros, y su grasiento pelo gris. Pero nunca me mira. Y nunca veo sus ojos. Veo de aquella mujer, entre los huecos de las hojas agitadas, una de sus manos de dedos raquíticos y temblorosos, y cómo parece ir a tocar algo escondida en los claroscuros. Lulo se acerca a husmear; tiro de la correa mientras le ordeno callar. El matorral deja de moverse. Quiero volver a casa, pero mi mano se queda sosteniendo la cuerda, tan paralizada como mi respiración, y no puedo dejar de intentar percibir entre esas hojas que no se mueven ya. Hay silencio. Silencio de abandono, como el de ese carrito de la compra sucio y abierto al lado de aquella mujer. Hasta que un maullido desde  allí me despierta. Quiero regresar a casa pero no puedo dejar de intentar acercarme para mirar, aunque mis pies procuren no hacer crujir las ramas del suelo, y tenga que tomar en brazos a Lulo y apretarlo contra mí. Y aunque acerque mis ojos entre los huecos de las hojas, y le susurre a mi perro que no diga nada. Hasta intentar mirar, con sigilo. Puedo ver cómo los gatos callejeros beben apacibles de un recipiente de agua, y comen callados bolas de pienso de un trozo de cartón. Y a ella. Su imagen encorvada, sacudiendo su tronco de espaldas a mí. Plumas que vuelan para todos lados. Algunas golondrinas muertas y desolladas entre el alimento seco de los gatos.  Casi grito. Y veo a aquella mujer que no te mira nunca, pero que entonces sí me está mirando, quieta. Y veo su boca ensangrentada.  A aquella mujer a la que nunca veo sus ojos. Miro sus ojos, y sus pupilas son dos líneas brillantes y delgadas. 

19 de octubre de 2016

BENDITO EL FRÍO, QUE ME DEJA A TI ARRIMARME

Y ese tostado café tempranero,
y este selvático olor de tu piel,
y mi dormir, en profundo desvelo,
y estos ojos, opacos de sueño.
Que te distingo revuelto en mis pelos,
que lo que veo es tu vello,
que lo que toco es tu frío,
que de tus poros respiro.
Y en letargo,
que lo que miro, estos dedos míos,
¡ay! que me duermo,
en este ombligo, alrededor.
De este vaivén que me mece,
de este aire,
de tu vientre, este rumor.
¡Deja, deja! Que has vuelto.
Deja que el café se queme…
Y no te marches, entra dentro.

10 de agosto de 2016

ÁRBOL

Abraza fuerte… a mí…
al aire y a la tierra,
a las gotas y a las brasas,
hasta que tus manos ardan;
culebras en mi vientre.
Y enroscadas,
apiadarme no pueda.
Hasta que tu pecho lleve,
el murmullo leve,
perenne,
de mi gemir.
(Esos besos tuyos… ¡Ay!
que son susurros y no me dejan).
Porque somos, amor,
estos robustos brazos 
retorcidos en la corteza,
una savia sola
que emana de las arterias.
Somos sudor de ámbar;
el dulce aroma de nuestros encuentros.
Somos cabellos revueltos
como hojas que se lleva el viento.
Somos raíces, somos ramas,
somos dedos de pies superpuestos.
Vello y musgo,
rocío y piel,
somos el agua que tiene sed,
somos la lluvia de la que se ha de beber.
Y amor, somos,
esa agua que nos nutre,
y ese aire que nos eleva,
y esta tierra que nos amarra,
y este fuego que nos consume.

2 de julio de 2016

OSCURA

Y corría para alcanzar el sol
sin saber que era el sol quien más corría,
sin saber que era el sol quien me seguía,
sin saber que era el sol de quien huía,
sin saber que corría para huir del sol,
sin saber que corría para seguirla,
sin saber que corría para correr más que Yo,
sin saber que corría para alcanzarla. A Ella.
A la más mía, la que la noche oculta, a la más misteriosa,
a la más leal, la más engañosa.
Al Yo sin rostro. A la que tiene forma.
Mi otro Yo. Mi Yo en la sombra.

4 de junio de 2016

EL COLLAR




Cuántas arrugas me veo ya en el cuello. Tal vez debería ponerme esta noche el vestido negro de corte recto y cuello de cisne para la cena de gala. Lo cubriría, aunque no sé… es tan ajustado. Qué mayor me veo, y qué gorda me he puesto. ¿Qué me pongo? ¿El azul? ¿El azul vaporoso de volantes? Me lo pongo, sí. Parece muy llamativo pero no me haría tripita. Y esta noche tiene que ser especial. Porque todo ha terminado. Lo pedía dentro de mí, sé que lo pedía. No me escuchaba quizás, pero sé que lo pedía, y ha acabado. François lo ha hecho. Fin del drama. Lo ha conseguido hacer. Lo han conseguido. Y me ha regalado algo, porque justo dentro de una semana celebraremos las bodas de plata. “Hemos terminado con los refugiados”, me dijo hace dos días cuando me daba esta caja con un lazo rojo. No le he querido decir nada, pero voy a ponérmelo esta noche, en lugar del collar de diamantes del aniversario pasado. Sí, así no se me verán tanto las arrugas del cuello. “Es un alambre de la valla. Ya no habrá más refugiados”, me dijo hace dos días cuando me daba esta caja con un lazo rojo y yo lo desanudaba.
Aunque, no sé… es tan ajustado. 
Me ahogo, me ahogo, me ahogo, me ahogo...
Tal vez debería ponerme esta noche el vestido negro de corte recto y cuello de cisne para la cena de gala. Lo cubriría.


Eva Villares


29 de abril de 2016

EN TU CAMA...

Esta noche voy a acariciarte
como lo hace el mar en el horizonte,
y besarte como lo hace en la orilla,
y como cuando choca contra las rocas... hacerte el amor.
Hasta envolvernos, hasta ahogarnos,
hasta hundirnos, hasta asfixiarnos.
Ni piel, ni ropa, ni gritos, ni aliento, ni aroma.
Hasta no ser ya nada, mañana.
Y mañana…
corre y búscame desnuda en la playa,
caminando sobre las dunas,
en cada huella,
en cada grano de arena,
en el olor a brisa
y en el sabor a sal;
en los restos de sudor de tus sábanas empapadas…

DESPERTAR

Y es el perfil oscuro de tu iris
el marco de mi espejo,
en el que observo, adormilada,
la mañana,
todavía soñando...
con los sueños que tuve anoche,
con esa mirada tuya,
temprana,
de ojos que soñaron insomnes,
que también observan,
que sueñan...

15 de marzo de 2016

DE ESO SE TRATA


De contar los pliegues de la sábana, se trata… de contar las arrugas sonrientes de tu mirada, se trata… de contar las pecas desordenadas de mi espalda, se trata… de contar los diez dedos de tus pies, se trata… de contar los diez dedos de mis pies que faltan, se trata de contar las palabras, se trata… de contar de tus labios cada una de esas rayas, se trata… de contar las palabras que se callan, se trata… de contar las gotas que resbalan, se trata… de contar las copas en la mesita abandonadas, se trata…

Y de no contar la noche se trata… y de no contar las lunas que quedan se trata… y de dejar que la noche te cuente, se trata… y de dejar que se quede la luna…

De que el día será mañana, se trata… De eso se trata… De contar que mañana será mañana…


8 de marzo de 2016

8 DE MARZO

Pequeña, gigante,
lujuriosa, salvaje,
pecosa, chistosa,
tímida, estable…
¡Libre!
Que canta,
que habla,
que piensa,
que calla.
Trabaja, planea.
Hace. Observa.
Acude. Espera.
Se despierta…
Duerme,
sueña...
sueña…
sueña…

Lloraste, no llores, lloras…
cuando derramas el vino,
porque del que bebe, el camino embriagas.
Y porque beben, ¡ríes!
Y porque ríes, ¡lloras!
Y porque lloras, ¡te bebes!...
Porque vida tienes, porque vida eres.
¡Gritas!
Porque vives…
¡Gritas!
Porque das vida...
¡Lloras y ríes, y gritas y te bebes!
Porque tu vientre es la copa,
por la que lloraste.
Porque tu copa es de vino,
no llores.
Porque tu vino es de sangre,
lloras.

Porque eres sangre…
llora,
porque estás viva.